Vomitaba. Año 2001. Vomitaba mi vida. Vomitaba mi tiempo. Vomitaba el país. No comprendía mucho. Veía algo raro. Distinto. Amigos, varios, hacían sus valijas. Se iban sus familias. Todos conocíamos a alguien que se iba. Era la Argentina de la tristeza. La gente no sonreía. No había motivo para hacerlo. Tenía casi 17 años y no entendía.
Diciembre quemaba. Las placas rojas de Crónica anunciaban "Estado de sitio" en el país. "¿Estado de qué?", le pregunté a mi vieja. Recuerdo que no me dejaron salir aquella noche. No entendía porque no, pero lo acepté. De repente me sentaba horas y horas mirando aquella vieja tv que había en mi casa: el país salía a protestar. Cacerolas, marchas, represión. Gente moría. Gente cobarde dejaba al país en ruinas. Cobarde es que el se rinde y lo acepta. Argentina ardía. El trono era preciado, pero muchos pasaron en menos de 10 días.
A los tumbos, con desconfianza, con mentiras, con poco, fueron pasando los meses. Desconfianza. Nada era igual que antes. "Que se vayan todos", gritaban. Se quedaron todos. Tenía que ir a votar por primera vez. Bronca. Eso dejé en el sobre aquella vez.
Y de repente mis abuelos (materno y paterno) se fundían en un abrazo: había ganado Menem las elecciones anticipadas de 2003. "¿Menem? ¿Ese no nos había dejado en la ruina?", pensaba yo. Poco duro esa ilusión noventista. Y llegó un sureño al poder. Respeto. Eso fue lo primero que entendí. Vi a los presidentes de otras regiones venir para la asunción de su mandato. No era algo común para esos tiempos: democracia amigos, eso era democracia.
El tipo salió del protocolo. Desencajó todo. Fue a saludar a la gente. Se golpeó y sangró. Un símbolo: puede haber errores y tropiezos, pero siempre adelante. Respeto. No me hablaba un tipo que no sabía nada, sino alguien que tenía muy en claro hacia donde iba el país. Y así lo abrazó. Nos abrazó.
Bajó cuadros. Subió ideas. Metió mano. Se alineó a la Patria Grande. Defendió lo nuestro. Se equivocó. Pero nos hizo mejores. Nos devolvió la sonrisa.
25 de mayo de 2006. Cumplía 3 años en el poder. Recuerdo haber ido a la Plaza. Estaba coon mi viejo y mi hermano. Marchamos. Cantamos. Aplaudimos. Entendí lo que hacía 5 años no había podido ni siquiera comprender. Los ideales están vigentes más que nunca. El rumbo se defiende con la palabra y el accionar.
Y para hacerlo, no eligió a cualquier persona. Sino que a ella. Él, ya sabemos todos, es él. Ella, en cambio, era una figura que todos halagaron, pero ya en el poder, a la primera de cambio, quisieron voltear.
Volvieron las cacerolas. Pero no eran de tristeza y de furia. Eran otras. Distintas, muy. Yo salí. Pero no con una cacerola. Estaba del lado de enfrente. Defendía otra cosa. Una idea. Un modelo. Un país. Y a pesar de que todos la odiaban, la tipa continuó su trabajo. Su mandato. "No llega a completar los 4 años". Uff. ¿Cuántas veces escuchamos eso?
Tachame la doble: estatización de las AFJP, re-estatización de Aerolíneas Argentinas, Ley de Medios, Asignación Universal por Hijo, Fútbol para Todos (sí!)... y todo esto, perdiendo una elección legislativa que llevaba a él adelante.
El tiempo pasó. Y ellos eran la esperanza de miles de argentinos. Millones. Sobre todo, de un grupo casi olvidado: la juventud. Se rodearon de ellos: sindicalistas, camporistas, justicialistas, independientes. Son jóvenes.
Pero él no pudo más. Su corazón. Su vida. Todo dijeron adiós hace casi 10 meses atrás. Un golpe directo a la razón del país. A la razón de ser distintos. A la razón de vivir con ideas, ideales. También fui a la Plaza. El adiós es lo peor que te puede pasar. Pero se tiene que hacer. ¿Llorar? Obvio, porque no llorar por algo que se siente en lo más profundo del corazón.
Todos pensamos lo mismo: fuerza, estamos con vos. Y muy a pesar de todo (y de todos), ella siguió adelante. Con todos.
Y así fue como más de 10 millones de argentinos dijimos: "Estamos con vos. Estamos con el modelo. No queremos cambiar. Vamos por más. Porque por fin, se hace".
No sé. No sé muchas cosas. Me cuesta enfocarme. Pocas cosas son claras. Por suerte sé lo que quiero para mí país. Esto y sus muchas mejoras, es por donde tenemos que ir. Militar, pensar, criticar y aportar. Este proyecto es realidad cada día gracias al trabajo de todos. Nunca menos. Ni un paso hacia atrás.
JDB
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